Especialidad · Adicciones
Adicciones a sustancias, adicciones conductuales, dependencias emocionales. Acompañamiento profesional sin juicio, con técnica y con evidencia.
Durante mucho tiempo se trató la adicción como un fallo moral: gente sin disciplina, gente débil, gente que "no quiere parar". La evidencia clínica de las últimas décadas dice otra cosa muy distinta. La adicción es un trastorno con tres patas:
Por eso "echarle más fuerza de voluntad" funciona unos días o unas semanas y después se cae. No basta. Hace falta trabajar las tres patas a la vez — y para eso sirve la terapia.
Desde consumo problemático funcional ("solo bebo los fines", "necesito una copa para desconectar") hasta dependencia más estructurada. La terapia trabaja la motivación, identifica disparadores, y construye estrategias para los momentos críticos. En casos de dependencia física se coordina con seguimiento médico para una desintoxicación segura.
Cannabis, cocaína, MDMA, otras drogas recreativas. Especialmente útil en patrones de consumo "controlado" que se han ido descontrolando — la persona que empezó haciéndolo solo en eventos y ahora lo necesita para varias situaciones a la semana.
Apuestas deportivas, casinos online, póker, máquinas. Una de las adicciones que más ha crecido en los últimos años por la accesibilidad móvil. Trabajamos la dimensión económica y la dimensión emocional — porque casi nunca el problema es solo el dinero perdido.
Cuando el consumo se ha vuelto compulsivo, interfiere en la vida sexual real, o sirve como vía de regulación emocional sin que tú lo decidas. Especialmente común en hombres entre 25 y 45 años. Se trabaja sin juicio moral, desde la mecánica del hábito.
Patrón compulsivo de consulta del móvil, atracones de scroll, dificultad para sostener atención sin estímulo digital, ansiedad al dejarlo apagado. La sociedad lo normaliza, pero clínicamente tiene la misma estructura que otras adicciones conductuales.
Patrones donde una relación funciona como sustancia: necesitas el contacto constante para no sentirte mal, vuelves a vínculos que sabes que te dañan, organizas tu vida emocional alrededor de otra persona. Mecánica parecida, sustrato distinto.
Tengo formación específica en conductas adictivas (Máster propio en Prevención y Tratamiento de las Conductas Adictivas). El trabajo combina dos enfoques complementarios.
Cuánto, desde cuándo, en qué contextos, qué intentos previos has hecho, qué has aprendido de ellos. Sin minimizar y sin exagerar. Esta primera fotografía honesta vale oro: a partir de ahí planificamos un trabajo realista, no una promesa de "esta vez va en serio".
El plan terapéutico se construye sobre el principio de que una recaída no es un fracaso, es un dato. Identificamos disparadores externos (lugares, personas, momentos del día) e internos (emociones, pensamientos, estados corporales). Desarrollamos estrategias de afrontamiento para cada uno. Y trabajamos la respuesta a la recaída — para que cuando ocurra, no se convierta en un derrumbe.
La parte que muchos tratamientos cortos saltan. Qué función emocional cumple la adicción en tu vida. Qué dolor, qué vacío, qué necesidad no cubierta estás regulando con ella. Sin entender esto, cuando dejas la sustancia o la conducta, el sistema busca otra sustituta. Por eso este trabajo es clave para que el cambio se sostenga en el tiempo.
Las adicciones son procesos largos. No tanto porque sea difícil "parar" — muchas personas paran durante semanas con relativa facilidad — sino porque sostener el cambio en el tiempo requiere trabajo profundo. Una referencia honesta:
Si tu situación incluye dependencia física a alcohol o benzodiazepinas, la primera etapa requiere coordinación con un profesional médico (médico de cabecera o unidad de conductas adictivas). Te ayudo a articular ese paso.
No. De hecho, exigir "abstinencia total desde el primer día" es contraproducente en muchos casos. Trabajamos desde donde estás — incluyendo personas que todavía están dándole vueltas a si quieren parar. La motivación se construye en el proceso; no es requisito de entrada.
Sí, con matices. Para adicciones conductuales (juego, porno, móvil), la modalidad online es directamente comparable a la presencial. Para adicciones a sustancias con dependencia física fuerte, se complementa siempre con seguimiento médico presencial. La videollamada te permite hacer terapia desde tu propio espacio — lo que para muchas personas reduce la vergüenza inicial.
No es requisito. Hay procesos donde es útil incorporar a una persona de apoyo (pareja, familiar) en alguna sesión, y otros donde es mejor trabajar individualmente. Lo decidimos juntas según tu caso. La confidencialidad es total, salvo riesgo vital.
La hablamos. Sin reproche y sin dramatismo. La recaída es información valiosísima sobre qué disparador fallamos en mapear, qué emoción no estamos sabiendo regular o qué pieza del plan no está funcionando. Lo que no hacemos es usarla como prueba de que "no se puede". Se puede.
60 minutos por videollamada. 70 €. Sin compromiso de continuidad. Espacio confidencial y sin juicio: si lo cuentas aquí, queda aquí.
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